Aunque dice el refrán que «clases de vino solo hay dos: el bueno y el mejor», conviene detenerse en las diversas clasificaciones, muchas de ellas estrictamente reguladas, que rigen y orientan en el mundo del vino. Una primera clasificación puede ser entre vinos secos y dulces. Las uvas maduras contienen altos niveles de azúcar que, al fermentar, se convierten en alcohol. Pero, dependiendo de la maduración y de la variedad de uva, en el vino queda un porcentaje de azúcar, que es lo que permite distinguir entre vinos secos y dulces.
Los secos son aquellos en los que las levaduras fermentan la mayor parte de los azúcares que existían al principio en el mosto. Por eso, apenas se notan trazas dulces en el paladar, sensaciones que se detectan en la punta de la lengua.
Los dulces son los que se obtienen de mostos azucarados. Estos mostos proceden de uvas sobre maduradas en la propia vid -como es el caso de algunos moscateles del Mediterráneo-, de uvas pasificadas tras la vendimia -como los pedro ximénez andaluces – o de la utilización de ambos métodos a la vez, como es el caso del histórico fondillón alicantino, procedente de la uva monastrell.
Los vinos dulces se obtienen también de uvas que maduran gracias al hongo de la Botrytis o podredumbre noble, como los vinos de Sauternes franceses o los Tokaj húngaros. También se pueden obtener estos mostos al endulzarlos con arropes, como ocurre con las mistelas.
Otro procedimiento para obtener un vino dulce se produce posteriormente, al detener la fermentación, como es el caso de los oportos. Estos son vinos de licor, que hay que diferenciar de los vinos licorosos. Así, los licorosos son vinos generosos naturales dulces sin adición de alcohol, como pue den ser los vinos de Sauternes, los Tokaj, los del Rin y el Mosela, en Alemania (conocidos popularmente como Riesling por la variedad principal que utilizan), los vinos de hielo o Eiswein-también de esta zona alemana o de Canadá, y que se cosechan con las primeras heladas-, o incluso el fondillón alicantino.
En cambio, los vinos de licor proceden de mostos encabezados con adición de alcohol vínico, como los vinos de oporto, los pedro ximénez o el vino rancio de Banyuls, en Cataluña. Este último vino dulce, como el resto de vinos de postre, tiene además la particularidad de que puede ser blanco o tinto, aunque de estos últimos existen menos ejemplos.
Finalmente, dependiendo del azúcar residual que queda en el vino, se puede clasificar en vinos semisecos, semidulces o dulces. Los reglamentos con respecto a los porcentajes de azúcar que deben incluir cada uno de estos tipos de vinos difiere en cada país.
Según el contenido de azúcar residual por litro, la normativa de la Unión Europea fija las siguientes categorías:
SECO: Vinos con un nivel inferior a 4 gramos por litro o 9 g/l si la acidez total expresada en gramos de ácido tartárico por litro no es inferior en más de 2 gramos al contenido de azúcar residual.
SEMISECO: Niveles inferiores a 12 g/l o 18 g/l si la acidez no es inferior en más de 10 gramos al contenido de azúcar residual.
SEMIDULCE: Entre 12 y 45 g/l o entre 18 y 45 g/l cuando el contenido de acidez total expresado en gramos de ácido tartárico por litro no es inferior en más de 10 gramos al contenido de azúcar residual.
DULCE: Vinos con niveles de azúcar superiores o iguales a los 45 g/l.
En estos vinos, los niveles de azúcar deben aparecer en el etiquetado. La UE los clasifica de la siguiente manera:
BRUT NATURE: Vinos con un nivel inferior a los 3 g/l y a los que no se les ha añadido azúcar después de la fermentación secundaria.
EXTRA BRUT: Entre o y 6 g/l.
BRUT: Vinos con menos de 12 g/l.
EXTRA DRY O EXTRA SECO: Entre 12 y 17 g/l.
SEC O SECO: Espumosos con un contenido de azúcar entre 17 y 32 g/l.
DEMI-SEC O SEMI SECO: Entre 32 y 50 g/l.
DOUX O DULCE: Contenido de azúcar superior a los 50 g/l.
EL MUNDO DEL VINO (Ediciones Larousse ed., Vol. 1). (2016). Larousse.
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